30 de septiembre de 2019 | 4 min de lectura

Del estrés crónico a la depresión

El riesgo de que el estrés permanente pueda acabar en una depresión es una de las muchas razones que hay para intentar acabar con él. Esa sensación continua de que “no llegas a todo” o de que “no puedes parar”, además de ser perjudicial para las salud, puede ser la puerta de entrada a lo que los expertos denominan un estado depresivo.

Como hemos comentado en varias ocasiones,  hay que saber que un cierto nivel de estrés es positivo. Por “estrés” entendemos un “estado de alerta” que se produce de una forma natural ante cualquier situación inesperada o que consideramos exigente. Este “estado de alerta” aumenta nuestra capacidad de respuesta y nuestro rendimiento físico y/o mental.

En la vida cotidiana,  es normal que se produzcan situaciones de estrés intenso pero pasajero. Es lo que técnicamente denominaríamos “estrés agudo” y puede ocurrir por circunstancias que implican nerviosismo, ya sea en un atasco, ante un examen, una tarea de gran responsabilidad…

Cuando nos enfrentamos a situaciones de este tipo, el organismo tiene un sistema defensivo que consiste en aumentar la producción de una sustancia llamada dopamina. La dopamina es un neurotransmisor que nos proporciona ánimo, espíritu positivo, optimismo…

Ahora bien, si las situaciones de estrés se suceden una tras otra o, sencillamente, no hay forma de que se acaben nunca, llegaremos a un estado de “estrés crónico” o permanente. Los motivos más frecuentes son de tipo laboral, familiar, económico o de salud. Y en ocasiones, varios a la vez.

Entonces, el decorado cambia: poco a poco, vamos segregando menos dopamina y la consecuencia es que nuestro cerebro empieza a verlo todo más negro cada vez: perdemos la motivación y surge el desánimo, el mal humor, la negatividad y la apatía… es decir, estamos al borde de la depresión. Evidentemente, no todas las personas tienen el mismo nivel de riesgo. La Organización Mundial de la Salud calcula que de las personas sometidas a estrés crónico, alrededor de un 10% caerán en una depresión.

Para evitar llegar a ese punto es aconsejable ser consciente de que se está en situación de riesgo y buscar herramientas para encontrar soluciones de forma inmediata, antes de que sea demasiado tarde.

Por ejemplo, es importante aceptar con serenidad todas aquellas causas que no tengan solución, y alejarse de cualquier factor que nos pueda afectar de forma negativa.

Hay que evitar compensar el estrés y la ansiedad con vías de escape perjudiciales para la salud (comida, alcohol, tabaco…) que, además, no aportan nada positivo al problema y podrían acabar convirtiéndose en adicciones.

Suele dar muy buenos resultados aprender técnicas de relajación y hacer ejercicio de forma  regular para liberar tensiones.

Seguir una dieta saludable y equilibrada, dormir bien y descubrir hasta qué punto pueden ser de utilidad los nuevos preparados de fitoterapia a base de plantas de efecto relajante.

Y en caso de dudas, siempre es recomendable consultar con un profesional de la salud.

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